Zona y Temístocles 44, en busca de nuevos espacios de arte

Angélica Abelleyra
La Jornada, secc. Cultura
8 de julio, 1993
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Que las galerías no decidan sus destinos, piden.

¿Qué motivaciones encontraron dos grupos de artistas jóvenes (y no tanto) para abrir a iniciativa de ellos mismos dos espacios para la difusión, promoción, análisis y venta (si se puede) de su trabajo en pintura, escultura, foto instalaciones y arte conceptual?

¿Fue una frustración ante el rechazo de los museos oficiales o las actitudes mercantilistas de galeros? ¿El interés de los creadores en participar en el proceso global de producción, distribución y comercialización de su trabajo? ¿Hacer simplemente lo que les dé la gana, sin tener que hacer filas ante los responsables de los espacios privados y públicos? ¿Jugar y divertirse de y con sus proyectos creativos que no son ni un cuadro ni una pieza en barro o bronce sino un producto efímero? ¿Jugar una carta similar a la del mercado (incipiente, disperso) del arte contemporáneo en México, sólo que con precios menores y porcentajes más bajos a los que se asignan las galerías por venta de obra? ¿Inventar su propia solución para hacer circular su trabajo pero sin la sustentación administrativa con que las galerías cuentan? ¿Qué hay de la factibilidad de estos proyectos? ¿Se asumen marginales y continuarán siéndolo?
Un poco de todo eso motivó a los integrantes de las agrupaciones de Temìstocles 44 y Zona o poner en funcionamiento sus proyectos alternos. Y fue lo debatido antenoche en el marco de un encuentro que convocó Curare, espacio crítico para las artes, en las instalaciones de la colonia Roma.
Por Zona participaron: Germán Venegas, Gustavo Monroy, Yolanda Mora, Boris Viskin y Mauricio Sandoval. Otros fundadores del proyecto: Manuela Generali, Ana Casas, Alfonso MENA y Roberto Turnbull. Con los matices del caso, un conjunto de artistas con un lugar innegable en el mercado –aunque ésta se haya constreñido en la última década- y varias exposiciones en su haber lo mismo en galerías que museos del país y el extranjero.
Su espacio en la colonia Escandón fue abierto el 14 de mayo pasado como “alternativo” a la promoción e incluso venta tradicionales de su trabajo, dando lugar a proyectos que sus fundadores consideran “no tienen cabida” en museos y galerías.
Por el grupo de Temìstocles 44 –conocido así porque una casa en esa dirección en Polanco es sede para desarrollar su trabajo – hablaron: Diego Gutiérrez, Pablo Vargas Lugo, José Miguel González Casanova, Eduardo Aboroa, Fernando García Correa y Sofía Taboas. Otros integrantes: Abraham Cruzveillegas, Hernán García Garza, Ulises García Ponce, Daniel Guzmán, Damián Ortega y Luis Felipe Ortega.

Desde 1991 se reúnen para debatir su trabajo no restringido a la pintura, dibujo o escultura y sí dirigido a proyectos de instalaciones efímeras que han realizado en el Club Hípico La Sierra y dos exposiciones en Polanco, desde marzo de 1993. Editan además un boletín bimestral de análisis y debate del arte contemporáneo no convencional.

Fuera de algunos miembros con exhibiciones en casa de cultura y galerías, la mayoría no ha ingresado a este circuito. Siete de sus integrantes han recibido becas de producción del CNCA. Ahora tres de ellos gozan de este apoyo.
Sintetizando la decena de participaciones, el grupo Zona comentó; “Que las galerías no decidan nuestro destino y por eso hay que trabajar juntos para adquirir fuerza. No es una prioridad, pero hemos visto la necesidad de abrir Zona como espacio comercial –en lugar de 40 por ciento que se adjudican las galerías como producto de la venta, aquí es un “moderado” del 25, aunque podría modificarse a las alte según la situación financiera de Zona -.  No pretendemos lucrar ni capitalizar el trabajo de los demás sino mostrarlo desde la óptica del proceso de creación, algo escasamente incluido en museos y galerías. No tenemos una idea acabada; queremos ir construyendo el proyecto a partir de las  sugerencias de los propios artistas. No somos jueces de nadie y por tanto la selección del trabajo no es tan importante como dar cabida a lo que se está produciendo hoy en México”.
Del colectivo de 14 artistas en Temìstocles 44, se apuntó; “Nos hemos reunido con el fin de crear un espacio independiente propicio para el diálogo, la crítica y la información entre artistas. No nos une ninguna consigna ni estilo sino la atención a los procesos creativos que se encuentran prácticamente excluidos del proyecto de la crítica, los museos y galerías. Por ellos creemos en la necesidad de espacios de trabajo y discusión. Ni el espacio ni obras ni eventos que realizamos tienen un fin lucrativo. Los recursos para la manutención de la casa y el apoyo económico a los proyectos se procuran por medio “de nuestros domingos” y de la venta de una carpeta de grabados bajo el nombre de Ediciones impecables.
“Este es un lugar para trabajar para trabajar in situ, no responde a una expectativa económica porque el mercado para el arte contemporáneo en México es nulo. Y no podemos desilusionarnos del mercado de los ochentas porque nunca alcanzamos a ilusionarnos con él.
“Somos un grupo de amigos con afinidades en procesos de trabajo efímero y una voluntad de juego. Nuestro trabajo no quiere convertirse en autopublicidad así que nos parece acioso lanzar una convocatoria masiva de público.
Nuestra postura va a ser necesariamente marginal aunque sí nos gustaría ir construyendo un grupo de espectadores  para nuestra propuestas”.
No se trata de llegar a conclusiones y con la presencia de una docena de artistas –moderados por Cuauhtémoc Medina- era difícil esa tarea. Lo que sí quedó manifiesto que el surgimiento de estas iniciativas marca un giro de las prácticas artísticas y de los mecanismos de difusión y consumo tradicionales. EL fenómeno inicia y habrá que evaluarlo con el tiempo si es que tiene permanencia.