Una publicación invisible

Eduardo Abaroa
Reforma, secc. Cultura
25 de noviembre, 1998
Compartir

NO ES FACIL ESTAR AL TANTO DE LO QUE SUCEDE EN EL PENSAMIENTO detrás de las  artes plásticas, si es que se trata de obras en las que se hace algo más que una reproducción irreflexiva de signos y estrategias. Para muchos una obra plástica buena debe ser accesible sin previa información o ubicación en un contexto.

Esta visión puede ser cierta en parte, pero no toma en cuenta que la velocidad con la que cambian los valores estéticos durante el presente siglo ha sido mucho mayor que en otras épocas. Actualmente las publicaciones dedicadas a entender las artes plásticas más recientes son indispensables para el intercambio de puntos de vista y campos de acción.

En México, son muchas las publicaciones que han salido en los últimos años que tratan de ubicar el pensamiento estético desde diferentes puntos de vista. Entre las más duraderas podemos mencionar la revista Poliéster, que edita Kart Hallander, el boletín de Curare, que es dentro del campo la que hace el vínculo entre los estudios de historia del arte mexicano y el arte más reciente. También se pueden encontrar aspectos relacionados, con un punto de vista más ecléctico, en la revista Posmoderna. De Rogelio Villareal.

Hace aproximadamente seis meses que empezó la minúscula edición de un folletín que entre sus singularidades incluye el no tener un nombre fijo. El primer número fue titulado “Casper” aludiendo a una especio de existencia entre fastamagórica y estereotipada. Los demás números se titulan con las diferentes combinaciones de las letras del título original. “c”, “a”, “s”, “p”, “e”, y “r”. La revista es un trabajo cuya columna vertebral son los artistas Daniel Guzmán, Gabriel Kuri, Damián Ortega y Luis Felipe Ortega, que individualmente han hecho aportaciones significativas en los últimos años, tanto con su obra personal como con la organización de espacios para exposición.

Un artista puede encargarse de la portada, otro del afiche que acompaña cada número, otro más hace un proyecto especial para  la revista y varios más colaboran con textos originales o selecciones provenientes de medios diversos. La lista de colaboradores es bastante larga, se encuentran artistas ya reconocidos en el contexto local e internacional y otros que todavía están en las filas más desconocidas del campo de batalla.

Uno de los aspectos más interesantes de la publicación es su intento de vincularse el arte actual con expresiones de otras épocas y otras zonas del mundo, a pesar de su sencillez. En más de una ocasión pueden verse allí artículos interesados sobre artistas poco conocidos en el país. Así tenemos, por ejemplo, que en el ejemplar titulado “pacers”, encontramos una introducción a la obra del artista filipino David Medalla, quien construye máquinas de hacer esculturas a base de burbujas, esculturas que se conciben para se enterradas en el subsuelo o clubes de admiradores del pintor modernista holandés Piet Mondrian.

Otro artículo, aparecido en “Pescar”, se pregunta con insistencia quien es Melquíades Herrera, artista local que empieza a ser valorado cada vez más por las generaciones más recientes con sus gestos y sus acciones humorísticos casi imperceptibles basadas en la reutilización creativa de los productos de consumo masivo. ¿De qué manera, sino así, podríamos enterarnos del estrafalario cuestionario que realizaba Paul Thek a sus alumnos en el Cooper Union de Nueva Cork a finales de los 70 (“Sperca”) o de la conversación que tuvieron Benjamín Buchlow y el artista mexicano contemporáneo Gabriel Orozco, acerca de su exposición Clinton is Innocent (“persa”)?

Hasta aquí la descripción pues hay que ver para disfrutarlo. La selección del nombre y la portada es obra de algún artista en turno. Los  artículos a veces son un poco enigmáticos, tratando temas de toros y deportes o incluso instrucciones para pescar truchas. Algunas colaboraciones son por músicos o escritores. SE incluyen disertaciones  sesudas en torno a la pintura, pero hasta ahora ha prescindido esta revista de la inclusión de reseñas por críticos de arte, esa actividad deleznable (“Boma”).

La escritora Mónica  de la Torre contribuyó una vez con un cuestionario para que el lector supiera si uno era artista o diletante. A mí ya todo me quedó claro. Sobre todo que Casper, o como se llame, ha sido un ejercicio arduo, necesario y altamente estimulante del diletantismo editorial sobre arte contemporáneo.

Informes al tel. 740-39-89 o mail: rumulo@mexred.net.mex