Terreno en construcción

Luis Felipe Ortega
Cambio [catálogo]
1998
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Esta época no parece la más adecuada para intentar una evaluación de los acontecimientos que, en el terreno del arte, han figurado como los actores principales. Si se intenta, resulta imposible escapar a los tratamientos que, antaño, parecían los mecanismos más “adecuados”. El problema no consiste, desde mi punto de vista, en la posibilidad del desdoblamiento del lenguaje escrito sobre una forma que fue realizada para ser mirada, rodeada  o recorrida en direcciones arbitrarias (o ¿cuál es la forma ordenada y clara de enfrentarse a una obra?). Parece que no existen muchas opciones para referirse a los sistemas creados por el arte contemporáneo: por la antigua industria de lo Bello. O, mejor dicho, que las opciones (casi siempre) remiten a un simulacro y a un recorrido que pierde de vista aquello que se sería decir al hablar de una o varias obras.

Sin embargo, el arte ha ido demasiado lejos y nos hemos vuelto cómplices, personajes de historia, crónicas y cuentos que son necesarios para asegurar una continuidad (no la continuidad de los objetos, acciones y eventos creados al interior de dicha práctica sino de los actos que envuelven el objeto). Pero, dado que no podemos escapar al entramado de relaciones en que se ha convertido todo esto, tendríamos que preguntarnos dónde está en realidad esa cosa llamada arte, a quién le importa y porqué habría de importar cuando la vida transcurre en el filo de la economía y la política (o, ¿acaso tendremos que volver a entrelazar todos estos términos para continuar hablando del Arte?).

Una plasta de latex

Si los términos tienen que transformarse, es porque los objetos han obligado a cambiar nuestros modos de ver y de situarnos en relación a ellos. Al preguntarnos “ ¿qué es una plasta de látex colgada sobre un muro?”, por ejemplo, también tenemos que preguntarnos si hemos acertado en la forma de lanzar nuestro cuestionamiento?. Otra opción: ¿qué significa una plasta de látex sobre el muro? Sin duda tenemos que replantearnos otra vez la pregunta pues casi tan pronto como la soltamos sabemos que se puede volver a interrumpir con otra y, sin embargo, ninguna es la correcta.

Cruce con cuidado

Posiblemente sea una forma más de la necedad el querer indagar en la relación “forma-significado” o en otros ámbitos que anteriormente permitían crear puentes, buscar sentidos, intuir lenguajes. Cualquier  recorrido por el arte contemporáneo nos obliga a olvidar esquemas, a tomar por asalto una ruta que implica atravesar ciertos caminos, que, talvez, cuenten historias paralelas y remitan a su propio y particular conocimiento de la intrascendencia.

Hasta hace algunos años, la incorporación del análisis lingüísticos o estructurales, lograba una interacción con las obras cuyas resultados redituaban  en el decantamiento de un pensamiento visual y un sistema de transferencia entre forma e idea. Ahora, estas relaciones resultan menos obvias y nos vemos obligados a multiplicar la búsqueda de caminos señalados por la propia onra: caminos discontinuos con pequeños vacíos, donde el autor muestra la singularidad de sus procesos y la vulnerabilidad de todo acto humano.

Obra pública

Como  había sucedido ya en otras ocasiones, el joven artista salió de su estudio (convertido ahora en bodega y el lugar para momentos de ocio), y recorrió varias calles para despejarse un poco. Después de unas horas regresó y rápidamente anotó una frase sobre su maltratado cuaderno de dibujo: “Qué extraordinario que el mundo exista”. Se acostó en la cama y se quedó dormido.

Al siguiente día salió nuevamente de su estudio para visitar al rotulista y realizar una calcomanía con aquélla frase. El diseño se terminó en computadora y era cosa de unos minutos para que estuviera lista en el vinil autoadherible. Mientras esperaba tomó asiento en un sillón impecable, sobre una mesa estaba el periódico y leyó algunos titulares: “Atentan policías contra periodistas”, “Interrumpen campesinos en la Cámara”, “Pide parlamento iraquí terminar inspecciones”. Cada cierto tiempo levantaba la vista para mostrar atención por su trabajo. No había terminado la sección de información general cuando lo llamaron para supervisar la calidad de la impresión, el tamaño y el color.

Después de unas horas volvió a su estudio, tomó una cubeta vieja (a modelo bastante conocido por su capacidad de resistencia y su buen tamaño), no la limpió sino que directamente colocó la etiqueta. La observó convencido y dejó ahí su objeto descansar por unos días, momento en el cual la cubeta lo acompañaría por varias calles de la ciudad para fotografiarla junto, arriba dentro de otras cubetas parecidas mientras jugaban su papel cotidiano (contenedor de agua para lavar autos, lavaplatos en puestos callejeros, etc.).

Para la exposición de esta obra, se colocaron seis ampliaciones fotográficas al lado de la cubeta que, en un rincón de la sala, parecía cesto de basura.

Nuevas reiteraciones

Y es que en los tiempos que corren no resulta del todo estúpido que muchos de los temas que seducen a críticos e historiados  del arte , tengan que ver más con una necesidad de recoger anécdotas y lograr un mapa de cómo es que el arte llegó a ser lo que es, que aventurar una serie de argumentos que intercepten a la obra de algún punto y comience un diálogo o una batalla.

Situar una obra resulta necesario, pero en los términos que se han venido produciendo esculturas, pinturas instalaciones, videos, fotografías, acciones y proyectos, habría que situarlas –más que situarlas- temporalmente para que el comentario o la crítica se convierta, como la obra en una materia visible: expuesta a su devenir y a la cercanía entre forma y escritura.

Performance

Casi tan pronto como Juan Pérez  entra en la pequeña sala (oscura hasta ese momento, un censor detecta sui presencia y se enciende un monitor. Toma asiento y espera a que comience a correr la cinta. Se presenta el título de la obra, aparece el artista y lanza, uno tras otro, escupitajos sobre la cámara. La acción termina en un minuto y vienen en seguida unos escasos créditos de realización, cámara y, desde luego, el símbolo inconfundible de copyright . Juan Pérez no se mostró sorprendido por el video esperaba algo parecido pues conocía la trayectoria del artista, sus acciones y objetos que siempre rayaban en el “mal gusto”.

Finalmente salió de la pequeña sala y fue a perderse en la sección de “Arte del siglo XX”, ambientada en ese enorme museo como pequeñas capillas donde se concedía un lugar importante a los maestros. Así que abrían de transcurrir varias horas par adar por terminado su recorrido en ese recinto: pasando  de salón en salón y de cultura en cultura. A la salida, se encaminó hacia la librería y compró un libro de historia del arte, pagó con su tarjeta de crédito y conservó el recibo dentro de su cartera. Faltaba poco para que terminara ese día y, luego de caminar unas cuantas cuadras, se perdió entre los pasillos del Metro.

De vuelta a la escuela
Con el agrado de los organizadores que habían gastado su mayor esfuerzo en hacer posible el “Primer Foro Internacional de Análisis y Discusión Sobre Los Humanismos Contemporáneo y su Relación con el Arte”, en el auditorio se encontraba un público nutrido y de “buen nivel”, a decir de los propios anfitriones. Aquel día, se esperaba una sesión harto agotadora pues era también la clausura del evento. Tanto ponentes como público y edecanes , intentaban ocultar su cansancio y el café se agotaba rápidamente . Los ventiladores (también haciendo su máximo esfuerzo), luchaban por mover el aire viciado de la sala. Al término de la mesa se propuso una “primera ronda de preguntas”. Pasaron el micrófono a un joven que, a decir por su apariencia, sería un estudiante.

- Me gustaría saber- dijo tomando el micrófono con cierta cautela- si podría hacer favor de decirnos cuál es su opinión sobre presente. Sí ... es una pregunta para el Dr. En la Historia de las Mentalidades.

El Dr. se aclaró de la garganta y sin mayor preámbulo paso a contestar la pregunta (no había otro Historiador de las Mentalidades en la mesa). – Me parece que la inclemencia que muchas veces ofrece este tiempo- con un tono experimentado en estos asuntos, el Dr. contestaba sin muchas complicaciones  y acentuaba cada vez más sus palabras-, no la hecho sino nutrir, en un grabado por demás elevado, el sentido que puede guardar el presente, sus formas objetuales de expresión y los niveles simbólicos que se ponen en juego cotidianamente. Basta un paseo por las calles de cualquier ciudad que rebase el millar de habitantes, para dar con una especie de “informe”, de carta de servicios donde usted puede obtener “algo”. Qué decir de los altos índices de consumo, de los movimientos políticos y de aquellos temas que han llevado a los etnólogos a repensar seriamente sus métodos de acercamiento al tiempo, el espacio y al individuo  contemporáneo. De este modo, el presente se nos ofrece como una posibilidad de acción en el terreno del consumo , pero siempre de un modo dependiente de las relaciones que guarda con un control y autocontrol en todo los demás terrenos donde, el presente, no es más que una afirmación de lo que somos.

Durante la intervención del Dr. asistentes y ponentes se esforzaban por seguir sus palabras. Al termino de ésta, se convirtió  por un tiempo en el personaje central de la sesión: las preguntas y comentarios se continuaban  dirigiéndose hacia él. Se habló del aburrimiento, de los movimientos sociales, del racismo, de los grupos minoritarios, de la política correcta y temas afines. Contrario a lo que se esperaba, solamente un pequeño grupo abandonó la sala y se preguntó a los presentes si era posible continuar. Se estuvo de acuerdo y continuaron las preguntas.

Dedicación profunda

Allá, al fondo de la sala vemos unas fotografías que pertenecen a un joven artista, que hablan de su interés en uno de los estereotipos más clásicos del mexicano: un indo que esconde la cabeza bajo su sombrero y oculta su cuerpo con un sarape. Pero el joven artista ha viajado y un indio (que suponemos es él mismo), se convierte en una caricatura turística. La fórmula se presenta en reiteradas ocasiones y se anula a si misma, presa de una intención por demás elemental. Perteneciente a una generación que ha hecho de la broma un recurso de producción y del despliegue de chistes un sistema, el artista no parece interesado en materializar un conjunto de ideas políticas o en destruir las ideas estéticas de nuestro tiempo. Una vez que se ha diluido la rebeldía en el mar de las apariencias, el simulacro del arte hace lo suyo y se integra al montaje artificial de esa época.

Nueva escala

Paradójicamente, ciertas obras pertenecientes al arte contemporáneo, se han encargado de mostrar una serie de eventos, objetos e imágenes que hablan de la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos y, también, de indagar en los mecanismos que multiplican las posibilidades de ese reconocimiento. En ese sentido, me parece que “la obra” ha transitado a un nuevo estado, y su posición (con respecto del resto de las producciones) se encuentra privilegiada porque puede contenerlas. Es sobre todo, una de las estrategias más abiertas y polémicas, estrategia que sitúa en un momento dado “algo” y avanza hacia una bifurcación de sentidos: ¡vaya tarea más peligrosa!

Convencer es esteril

Entrar al cine. Sobre la pantalla, la película cuenta una historia demasiado absurda. Una historia de vaqueros en blanco y negro. Todo tiene por origen una creencia noble: encontrar un empleo. Pero pronto nos damos cuenta que nuestro personaje iniciará una larga travesía por el desierto, la oscuridad y la sobrevivencia . Si William Blake, nombre del personaje, nunca había matado, llegó el momento de hacerlo . Si nunca había conocido el trato de un indio, ahora vivirá a la sombra  de uno de ellos: su salvador y entrenador al mismo tiempo. William Blake no es el  William Blake que todos creemos pero, justamente esa confusión , le permite vivir más tiempo y partir hacía un destino impreciso.

Salir del cine. Un largo recorrido por las calles, traslados en autopistas, transbordos entre tiempos que se sobreponen.

Historias y anécdotas entre esos trayectos: multiplicación de información y formas, de “cosas” que suceden con cierta independencia unas de otras. Lo inmediato atravesado por la memoria, por los caprichos y necesidades que los individuos nos creamos. Un silencio pesado, interrumpido rápidamente por un murmullo estridente. Otra vez las calles, los espectaculares, la información y los acontecimientos del mundo. 
Una pausa.