Sergio Gutiérrez

Luis Felipe Ortega
La Tempestad Vol. 14, No. 88
Enero - febrero, 2013
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Sergio Gutiérrez

Luis Felipe Ortega visitó el estudio-observatorio de Sergio Gutiérrez, donde, a través de herramientas como el viaje mental o el dibujo, el artista explora lo mismo ideas visuales que límites individuales.

Por Luis Felipe Ortega

Uno

Recorrido y vacío son dos términos que serán recurrentes en este texto.  Por la sencilla razón de que lo han sido para la obra de Sergio Gutiérrez (México DF, 1982).  Y evidentemente lo fueron durante la visita a su estudio, en una colonia cercana al Centro de la ciudad de Oaxaca.  Gutiérrez ha vivido ahí intermitentemente desde niño por razones familiares, pues su padre es originario de ese estado.  Estar allá o en el DF es natural para el artista, que conoce bien ambos lugares.  Después de estudiar en La Esmeralda, decidió regresar a Oaxaca para establecer ahí su residencia permanente.  Volver a ese lugar no tenía que ver con una decisión de ir a colocarse en el entorno de pintores oaxaqueños, al contrario.  Gutiérrez pertenece a una generación que ha decidido alejarse de los lugares comunes de la inmediatamente anterior, que se quedó en la búsqueda de no sabemos qué y olvidó que participar de la producción visual es participar de la posibilidad de reintentar las preguntas con relación a una práctica específica, en un tiempo específico y en un espacio específico.  Una generación, en fin, que abandonó el pensamiento crítico y autocrítico, pero que siempre está en "en los mejores eventos".

Gutiérrez parece tímido, pero no lo es.  Quizá lo aparenta porque no tiene la mirada de "los conozco a todos".  Aquella mañana salí para encontrarme con él en su estudio.  Llegar al fraccionamiento Elsa no es fácil.  Bajando desde San Agustín Etla hay que salir de la ruta al Centro y comenzar a preguntar en una gasolinera.  Listo, debo regresar cuatro cuadras y a la derecha, está bien, un letrero finalmente señala la entrada al fraccionamiento.  Luego hay que buscar un jardín de niños.  Una, dos, tres cuadras, regresar dos, ¿ese era el jardín de niños?  No vi el nombre de la calle,  Sí, esa era la calle.  La numeración: un desastre.  Otra vez reversa.  Ahí está.  Finalmente llegué.  Le pido que antes de comenzar demos una vuelta por el barrio.  Es un lugar polvoriento, algo árido, algo gris.  Definitivamente no es el folclor del Centro de Oaxaca.  No hay edificios coloniales.  Tampoco hay turistas. No hay nada de eso.  Ni siquiera un estudio de los que montaña los artistas que disidieron mar esos lugares del país por asalto para "operar" desde esas sedes pintorescas.

Damos una vuelta por el barrio.  Comenzamos a platicar y retomamos viejos temas mientras me cuenta porqué construyó aquí su estudio, pegado a la casa de sus padres.  Una casa con una arquitectura interesante:  pequeña pero con espacio suficiente para jugar con los techos, inclinarlos hasta caer al piso.  Me recuerda a Félix Candela, pero sin curvas.  Me imagino que eso quita espacio, corta la función doméstica.  Supongo que no importa.   Lo que importa es que cambia la luz la manera en que se comporta y proyecta hacia adentro.  Dije que habíamos comenzado a retomar ciertos temas:  la luz es uno de ellos.  Regresaremos a el.  Intento ordenar esta nota y reviso la grabación.  La voz pausada y tranquila de Gutiérrez responde a mis preguntas sin dar muchas vueltas.  Alargo las preguntas los comentarios, insisto en el asunto del espacio, de los vínculos con el plano, con el dibujo.  Comparte con otros artistas jóvenes la preocupación por el dibujo, por este sitio donde se conforma y articula el pensamiento visual.  Y lo lleva más lejos.  Si algunos de sus maestros - como José Luis Sánchez Rull - le enseñaron la importancia de esa herramienta - y su potencia -, Gutiérrez dio un giro importante:  resta los aspectos anecdóticos.  Vuelve a la geometría.  Desde ahí vale la pena volver al asunto del lugar de trabajo.  Del estudio como plataforma, como lugar de posibilidad.  Dice Gutiérrez que entiende el estudio "como punto de partida.  Como un observatorio.  Como un punto de referencia.  Como un lugar desde donde el artista se puede habituar a algunas cosas y cambiar la concepción de otras."

Retomamos un tema que nos obsesionó en muchas conversaciones.  La idea del viaje en Chuang-Tzu, nos avisa de la importancia de los viajes que son, en un principio, más importantes que los reales.  Gutiérrez los conoce porque por mucho tiempo fueron los viajes mentales, los recorridos por su estudio - a través de la investigación de la luz -, lo que permitió que se vinculara con esta idea del recorrido, que va más allá de la idea contemporánea del artista-viajero.  Aunque ha viajado, pienso que los recorridos más importantes que ha realizado son aquellos que lo acercaron a sí mismo, a reconocer su espacio, a una manera propia de recorrerlo.  De aprender a mirar, y desde su observatorio-estudio, mover algunos ejes de su producción visual.  El artista aprendió a observar y, en silencio, dejó que algunos materiales se quedaran cerca para sondear sus límites: la luz, el grafito, el papel.  Juega con ellos: "El papel es un soporte, el espacio del estudio comienza a convertirse en ese soporte.  El piso, los vidrios.  El estudio es una maqueta real."  Otra idea: "El estudio es un lugar donde quedan ciertas huellas, ciertas marcas de los procesos de indagación, cosas que se resuelven en otro lado pero que se quedan por aquí."

 

Dos

El espacio de trabajo, el estudio de Sergio Gutiérrez, está casi vacío.  A diferencia de muchos artistas parece que no requiere de demasiados materiales para trabajar.  Tampoco de abundancia de referentes.  En el estantes: algunos libros y discos, muy pocos.  Lo mínimo.  Los libros deben estar en otro lado.  Porque sé que es buen lector.  A partir de mi comentario sobre Italo Calvino y la levedad, Gutiérrez aborda el tema y habla de la importancia que este concepto ha tenido para él.  Como el de la luz, que la ha llevado a indagar con mucho más precisión en la relación entre la materialidad y la inmaterialidad.  O como él mismo dice: "Muchos de mis materiales son inmateriales".  Regresamos al asunto de la observación, de la mirada.  De la posibilidad de moverse en un terreno propio.  Desde la manera en que se sitúa en el espacio y que su cuerpo es colocado se generan dibujos en negativo y positivo, con un peso específico y una transparencia o densidad que los hace estar y ser desde un volumen particular.  Puede saturar un espacio y sin embargo no tiene nada que ver con llenarlo, con poner todo lo que cree que sabe.  Porque no se sabe y se puede seguir indagando, coloca "cosas" que dialogan con el espacio, con el vacío.  Una acción física realizada desde el cuerpo:

"Me he dado cuenta de que el hecho de entenderme como un filtro, como alguien que está observando, hace que vaya reconociendo mi cuerpo en el recorrido de espacios a partir del movimiento de la luz.  Observar la luz es observar la arquitectura de mi espacio.  Es saber cómo me quiero relacionar con él.  Cambiar los materiales pero también cambiar esa relación corporal. Eso lo vi claramente en mi residencia en El Eco, se transformó el tiempo de trabajo pero también el uso del cuerpo.  Sentí un cansancio natural en la transformación de mi manera de trabajar.  Cambió mi respiración y la conciencia del espacio a través del pulso. Es muy físico."

 

Tres

Una manera de saberse en un tiempo y un espacio.  Pensar en un espacio propio y cómo es que ese espacio se encuentra con un "afuera".  Regresamos a la idea de observatorio.  De mirador.  Me recuerda la importancia del faro al lado del mar.  Una tarea sencilla, humanamente muy básica y sin embargo de enorme importancia.  La mirada extendiéndose para hacer una señal, para avisar.  Estar en el estudio de Sergio Gutiérrez es contemplar permanentemente la manera en que la luz se va comportando.  Me recuerda a James Turrell, a esa manera de enmarcar, de generar puntos de vista, de indicar cómo podemos aproximarnos a nosotros mismo desde ese límite con el entorno, con la manera en que nos afecta y lo afectamos.  Me refiero a los límites físicos pero también mentales.  Me refiero a la piel y a la extensión de las ideas: al intercambio, a las relaciones con los otros a partir de pensarse a unos mismo.  Nuevamente el artista:  "Prefiero hablar desde mis propios límites, hasta donde puedo reconocer las coas que me afectan.  Cuando trabajé con experiencias de viaje siempre lo vi así, quería asumirme como un filtro que siempre toma la decisión de recibir información y procesarla, porque tengo esa necesidad, siempre parto de la necesidad.  En términos políticos recuerdo la postura de Öyvind Fahlström, un artista que tocaba la parte política de forma directa.  Él decía que la manera de abordar la política es hacerse responsable de uno mismo; en ese sentido uno toma decisiones sobre cómo quiere vivir, hasta qué punto puede generar una confrontación sin alimentar a la otra parte, no tratar de abarcar algo que se puede.  Para mí la condición política del arte es un asunto individual, de mis limites y posibilidades.  Desde Calvino podría decirse que la posibilidad de mantener viva la imaginación es la posibilidad de desplazarse, del modo en que mi cuerpo, que está sentado, leyendo, puede devenir un libro, un dibujo, una escultura.  Hay una idea de transformación y para mi eso es lo más importante."