Las líneas de la mirada de Luis Felipe Ortega

Margarita Ramírez
Discurso visual, No. 15 [web]
Julio - diciembre, 2010
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Aproximación a la obra de este artista visual nacido en la ciudad de México en 1966. Ha expuesto de manera individual en galerías, festivales y museos de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. De 2006 a 2009 fue miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México.

El título del presente ensayo surge de la frase “La línea recta es el mar en calma”, tomada por Luis Felipe Ortega del poema Cuando niño de Roberto Bolaño y que aparece también en la novela Los detectives salvajes del mismo autor. El conjunto de obras que se analizan en este texto deja ver, mirar y escabullir las más íntimas inquietudes del artista, que salen de sus piezas como si todas ellas se compusieran de un mismo lenguaje. Su búsqueda personal logra mostrar el infinito profundo de su horizonte visual e imaginario, a través de un despliegue del paisaje natural en el que toma como referencia el mar en calma, la línea del horizonte lejano que se conjuga con el infinito de la visión, una sola línea divisoria que se distingue sólo por el sutil movimiento del agua en un ritmo calmo y continuado, junto con atardeceres grises y melancólicos. Algunas de sus piezas, sobre todo de video, forman un conjunto que pertenece a sus trabajos más recientes: Catinga, Macapule y Solar. Estos paisajes no son sólo mar, la línea del mar en calma también puede trasladarse visualmente a la integridad del paisaje del desierto, la línea de horizonte entre la arena y el cielo que se diluye aún más por la oscuridad del atardecer. Incluso la tormenta aterradora se ve vulnerada en su visión con ligeros destellos de luz, como en Km 96, donde mitiga la idea de la línea quebrada, asociada con la sensación de crispación, si seguimos la idea de Bolaño.

La metáfora de la línea recta encuentra, asimismo, un eco en sus producciones de instalación: Antes del horizonte presentada previamente en dos ocasiones: en Bruselas (2006) y en México (2008), así como Ocupación (2004) en la Sala de Arte Público Siqueiros. En estas piezas vuelve a su tema de la línea, ahora trazada con hilos de algodón para formar una urdimbre con rocas o esferas entretejidas, instalaciones que miradas desde lo alto a manera de paisaje dejan al espectador introducirse en el universo de la extensión de un espacio cerrado, cual si fuera totalmente libre y abierto. La mirada se bifurca por las múltiples trayectorias de la trama interrumpida y retomada sin cesar, torciendo los rumbos de la línea recta que conforma, otra vez, una línea de horizonte.

La mirada lejana y perdida se transparenta en el agua cristalina de la fotografía en Canoa (2007) y Seis ensayos…a propósito de Calvino (1998-1999), donde se vislumbran los fondos de colores límpidos que develan la quietud de una vegetación subacuática. Asimismo, nos trae los reflejos claros y sosegados de luces azules, nacientes del cielo y las nubes, en el marco de otro atardecer taciturno y solitario. Luis Felipe inviste a los objetos con miradas incesantes, detalladas, obsesivas, en el momento preciso con el objeto preciso, invitando al que mira a sumergirse en su territorio subjetivo. Se convierte en un intercambio pulsional de su mirada, que erotiza al objeto que mira y por esa vía seduce al curioso espectador sin violentarlo, sino muy al contrario llevándolo por la senda de la quietud que puede parecer hasta monotonía, con movimientos lentos y recursos mínimos, austeridad y sencillez de elementos, abstracción de su lenguaje visual. De ahí que algunas de sus piezas están cargadas de minimalismo y zen, silencio y profundidad, sosiego y pureza, lenguaje sin palabras, pura energía escópica basada en la intuición, pues el zen no es una teoría, una idea ni un conocimiento, es una práctica de percepción del silencio para fundirse con el universo: se propone dejar pasar las ráfagas mentales sin dejar rastro, encontrando un refugio en el descubrimiento cotidiano del detalle, en el espacio de recreación que oscila y se establece entre el encuentro y el vacío. En el trabajo de Luis Felipe permanece la impronta de la mirada en el dibujo, la fotografía, el video y la instalación en una suerte de juego de espejos de luz tenue, como un hallazgo que brota desde la ranura de la repetición misma para producir un encuentro.

La mirada y su deseo en lo mirado logran crear un gancho de reciprocidad en el atrapamiento de la mirada del otro, que le da cuerpo y consistencia. Es a decir de Jacques Lacan “una mirada imaginada por mí en el campo del Otro”(1) se escinde, se escabulle, pierde objetividad porque entra en el campo del deseo. La frase “El punto de mirada siempre participa de la ambigüedad de la joya”(2) se refiere a la ambigüedad misma del objeto artístico que también me mira, en una búsqueda recíproca del campo imaginario donde prevalecen lo esquivo, huidizo y elidido de las miradas mutuas. Nosotros también somos mancha dentro del cuadro-imagen que nos mira, en un intercambio inagotable de energía-pulsión, que se reintegra y restituye metafóricamente en la producción del artista por medio de re-elaboraciones de su obra en los diferentes medios que utiliza, volviendo sobre sí mismo, ahora en el intercambio inagotable con su propio imaginario.

Para Gilles Deleuze “Lo múltiple hay que hacerlo, pero no añadiendo constantemente una dimensión superior, sino, al contrario, de la forma más simple, a fuerza de sobriedad, […] siempre n-1”,(3) donde no hay unidad que sirva de pivote, objeto y sujeto desaparecen. Las repeticiones y diferencias se aprecian, por ejemplo, en la clara relación que establece Luis Felipe entre la fotografía Canoa (2007) y el transfer de dibujo a lápiz Bote (2004), que forma parte de una serie de dibujos con piedras, los cuales se relacionan, a su vez, por el tema de las piedras, con las instalaciones Antes del horizonte y Ocupación, donde las piedras y las bolas de caucho se combinan con los hilos. “El juego se asemeja a la pura actividad de los tejedores, la que los mitos atribuyen a las Parcas y a las Normas […] En un rizoma no hay puntos o posiciones, como ocurre en una estructura, un árbol, una raíz. En un rizoma sólo hay líneas”.(4) En Canoa y Bote parece tratarse de la misma imagen: una tomada de un modelo original por medio de fotografía y la otra recreada en dibujo casi como una copia de la primera, conservando hasta la misma posición de perspectiva en el espacio, pero modificando el entorno con piedras de río redondas. Las dos obras ofrecen tactilidades visuales distintas por los medios expresivos utilizados, como sucede en general con el conjunto de piezas elegidas para escribir este texto, creadas con diferentes recursos como instalación, video, fotografía y transfer de dibujo a lápiz.

El lector-espectador tiene la oportunidad de establecer los lazos de sentido en la integración temática de una selección de obras que Luis Felipe Ortega presenta en la muestra Así es, ahora es ahora (septiembre-octubre de 2010) en el Laboratorio Arte Alameda, Centro Histórico de la Ciudad de México, o directamente en la página web del artista en www.luisfelipeortega.com

Notas

1. Jacques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Argentina, Paidós, 1991, p. 91.

2. Ibidem, p. 104.

3. Gilles Deleuze y Felix Guattari, Rizoma (Introducción), Valencia, Pre-textos, 1997, p. 16.

4. Ibidem, p. 20.


MARGARITA RAMÍREZ G. • MAESTRA EN TEORÍA PSICOANALÍTICA

Investigadora del Cenidiap

mar089@yahoo.com