El protagonismo de los discursos

Blanca González Rosas
Proceso, No. 1445
11 de julio, 2004
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Severos cuestionamientos sobre el estado y significado actual de las prácticas artísticas conceptuales denota la instalación en sitio específico que presenta Luis Felipe Ortega en la Sala de Arte Público Siqueiros en la Cuidad de México.
Cuestionamientos sobre la vigencia o caducidad de los impulsos conceptuales, sobre su capacidad o incapacidad de comunicación artística, sobre la ambigüedad creativa de sus apropiaciones, sobre su sentido museístico y, muy especialmente, sobre la pertinencia o impertinencia del protagonismo de sus discursos.
Concebida para el amplio, alto y blanco lugar denominado El cubo, la obra de Ortega (DF, 1966) consiste en un denso y ordenado entramado de hilos blancos de algodón que, tensados con exactitud geométrica de pared a pared , atraviesan en sentido transversal, de abajo hacia arriba, el espacio interior del atractivo cubo blando. Con un abstracto y extrañamente caótico orden lineal, la repetitividad de la pieza es inteligentemente interrumpida por algunos pelotas de caucho verde-negrusco las cuales, al ser colocadas en los puntos de mayor tensión , se sostienen inestablemente, enfatizando la resistencia y transparencia del entramado. 
Como todas las propuestas  de Ortega, Ocupación es una obra pulcra tanto en su concepto como en su realización material. En cuanto al primero, la pieza parte de una reflexión sobre dos aspectos tradicionales del quehacer artístico y del quehacer artesanal: los planteamientos básicos de la forma y la realización manual de un objeto. En el contexto de la forma, el artista interviene-ocupa- el espacio a partir del desdoblamiento ficticio del dibujo de una retícula que se eleva y transforma desde un plano bidimensional hacia una estructura tridimensional, manteniendo, en los hilos tensados y en las pelotas sostenidas, las estructuras básicas de la línea y de la esfera. En cuanto a la manufactura, la retícula recupera la obsesión y afectividad constructiva del trabajo manual, evocando así la realización de una actividad que mantiene “ocupada” a una persona. 
Sin que se informe en las salas de exposición, esta obra representa un cambio notorio en la trayectoria de Ortega ya que, abiertamente ha sustituido la poética anecdótica de sus obras anteriores por una síntesis formal que se concentra en lo esencial. Sin embargo, el objeto, en tanto referencia y metáfora, sigue presente, pero ahora con una limpieza y sobriedad que difiere del ambiguo discurso popular de las representaciones que aparecen en sus fotografías, videos y ediciones alternativas. Otro aspecto que también mantiene el artista es la evidente referencia de imágenes y estáticas de creadores relevantes, que en el caso de Ocupación recuerda algunos ejemplos del neoconcretismo brasileño.
En el contexto del emplazamiento en el que se encuentra, la pieza detona cuestionamientos que seria interesante confrontar en el escenario artístico mexicano. Para empezar, la vigencia, repetitividad y ambigua creatividad de los impulsos conceptuales; que se han convertido en un genero tradicional , ostentosamente predecible y absurdamente críptico en su contemplación. Por otro lado, el objetivo, la responsabilidad social y la actitud de los  técnicos gubernamentales ante la exhibición de estas propuestas: ¿No sería conveniente ponderar la interpretación y el dialogo por sobre la simple difusión?, ¿No sería conveniente promover curadurías temáticas, comparativas, lúdicas, que lograran establecer canales de comunicación entre el público no especializado, los artistas y el arte contemporáneo? Y, por último ¿no sería interesante discutir las ventajas, desventajas y hartazgos que ha ocasionado el protagonismo de los discursos?