El plan de huida según Paul Bowles

Luis Felipe Ortega
La Jornada Semanal, No. 99
5 de mayo, 1991
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Paul Bowles, Memoria de un nómada, Grijalbo, México, 1990.

1.- Tal vez la idea que está más cerca de toda una generación de escritores norteamericanos que se resistían a vivir dentro de los estrechos límites de una sociedad que se muerde la cola, fue expuesta por William Burroughs hace muchos años: “Lo que llamáis historia de la humanidad es la historia de mi plan de huida. No quiero amor. No quiero perdón. Todo lo que quiero es salir de aquí”. La huida, implicaba la exterminación de ellos mismos en otros espacios (físicos y creativos), colocados fuera de la jugada, sus destinos tenían  una visión alterada del mundo: modos de conciencia y modos de vida como una bisagra metálica que rechina en los sótanos de la sociedad, pero esta vida estaba sometida a sus pasiones. Se inventaban la realidad: existían.
2.- El tiempo y la velocidad fueron conceptos que Paul Bowles tenía que borrar de su pensamiento, vivir sin la ilusión  de que la vida puede tener un enfoque cuantitativo. De un golpe certero le baja los calzones al tiempo y va a parar al espacio: al viaje; único modo de vida, búsqueda de ningún camino –dejándose llevar de Nueva Cork a cualquier sitio.
3,. Sin parar, es el título  original de Memorias de un nómada, donde Bowles hace un vaciado de su itinerario, un calendario que pierde la precisión de los años para fundir los recuerdos, desde el odio que siempre le propinó su padre hasta los días que se establece como tangeriano permanente. Las trampas del tiempo se van colocando a partir de lo que no se sabe, del miedo, de los sueños, de la fe en que no hay verdad porque (como quería Duchamp), sólo se puede creer, dibujarse    en los sitios, en la música, en las palabras. Y como la vida “equivale a cualquiera de sus partes; pero no a la suma”, se gasta la broma de existir.
4.- Bowles llegó a tener amistad y una colaboración esporádica con artistas norteamericanos que pasaban por Tánger. Aún sin pertenecer a ningún grupo, una diversa gama de personajes se pasea por sus memorias; pintores, poetas, compositores, cineastas y escritores que el paso de los años ha puesto en su lugar. La relación con su esposa Jean solo es comparable con un invierno permanente, un final doloroso y el miedo de Paul al ver a Jean en una muertevida. Los días felices habían terminado y el último dibujo de él mismo parece un presagio: “Me veo desdentado, no puedo moverme, dependo por completo de alguien a quien pago para que me cuide y que en cualquier momento puede salir de la habitación y no regresar nunca”.
5.- Truman Capote alguna vez hablaba de los destinos inoportunos a los que pueden conducirnos nuestras pasiones, y Bowles alternó puntualmente los viajes, la música y la literatura dentro de su plan de huída: su pasión fundamental.  Hoy Bowles tiene 80 años y vive solo en un piso pequeño de Tánger.  Como lo escribió hace diecinueve años, su vida está confiada a alguien que le prepara la comida; sin nadie.  En el mundo árabe sus obras reciben críticas nada halagadoras (pues es el escenario constante de sus novelas). Sin embargo, nosotros apenas tenemos oportunidad de conocerlas.