Before the horizon

Hélène Bastenier
Percepciones
2008
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El 7 de abril 2006, a los ocho días de la inauguración de Before the horizon, la piedra permanece a 153 cm sobre el suelo. Una relación espacial inalterada durante toda la exposición. Tan sólo ligeras variaciones de temperatura y humedad han agitado minímamente el velo de hilos de algodón que dibuja un horizonte ligero y evanescente.

El horizonte está ahí, denso, y, sin embargo, tan frágil como la urdimbre de algodón que lo materializa.

Está ahí, improbable: no tiene otro propósito que dar a ver, a percibir, a sentir antes de nombrar. De la percepción silenciosa, anterior a todas las palabras, es de donde brotan los vocablos, las frases, los conceptos, las finalidades. 
El estar-ahí silencioso de la obra nos invita a una experiencia inicial: la de un mundo que nace, un mundo primordial en el que nacemos antes de que se acuñe cualquier frase, cualquier palabra para nombrar las cosas. Es también la presencia que se obsesiona en lo efímero, en habitar la fluidez y el flujo que llena el espacio. Presencia de la piedra cuya solidez procede de las formas algodonosas, de los instantes transparentes que parecen dejar el tiempo y el espacio en suspensión. Permanencia en la no permanencia, inmovilidad del movimiento.

Before the horizon, que se presenta ahora en México D.F. en un espacio más confinado perteneciente a un edificio del siglo XVII, cuyos muros están cubiertos de paneles blancos que facilitan el accrochage, revela que la experiencia estética es tanto trasladable como renovable; que es capaz de encarnarse en una sucesión de transformaciones a través de sus mismas permanencias, en un espacio diferente al que dio lugar a la obra original. 
La obra genera y requiere una participación renovada, por el espacio, por los materiales, por las situaciones diferentes a partir de las que se va creando; que implica nuevos desplazamientos del observador en el lugar y en el espacio; que exige el esfuerzo de entrar en ella. En ese sentido, la obra enuncia por sí misma sus propias condiciones de eventual existencia; invita a una experiencia renovable por su calidad de obra difusa, vulnerable, en tensión continua; por su voluntad de estar en el mundo. De un presente-pasado se hace presente-futuro inacabado. ¿Cabe llegar hasta el horizonte? ¿ Acaso el mundo de los silencios y de las indiferencias cósmicas posee otro horizonte, otro fin que el de estar-ahí?  Horizonte primordial del mundo que se queda mudo, indiferente cuando el ser humano intenta darle sentido y finalidad; que se halla entre la falta de sentido de lo absurdo y el tiempo de las finalidades y de las significaciones siempre efímeras y vulnerables.

La obra invita a moverse, a desplazarse. Los instantes que nos  habitamos en el ver son como una invitación a encaminarnos hacia un horizonte intangible. Estamos antes del horizonte tanto como estamos delante del horizonte: una línea finisima nos separa y se nos escapa siempre. La línea del horizonte se impone y desaparece, se quiebra y vuelve como la fluidez del tiempo del que nacemos improbables, nunca permanentes, siempre fortuitos.

En su luz difuminada, Before the horizon abre el espacio. Una línea formada de una miríada de hilos de algodón aspira la mirada más allá de sus esbozos gaseosos. Una piedra flota en el espacio,  sola, como punto de confluencia de todas las energías, eje de todas las tensiones. Cada hilo ejerce su propia fuerza, marca el espacio, creando un dibujo geométrico que revela sus propias imperfecciones.

Los movimientos se dejan percibir en la inmovilidad de los hilos y de la piedra. Van construyéndose a medida que se producen los desplazamientos de los cuerpos en el espacio, de los gestos precisos, repetitivos, lancinantes, casi mecánicos, y, sin embargo, siempre distintos. Una relación imperceptible y constante se estabece entre la movilidad silenciosa de los cuerpos y la tensión de los hilos. Inmóviles a la vez que en movimiento, los hilos pierden su complejidad, se ajustan, se posicionan una vez y otra para encontrar un equilibrio entre su masa vaporosa y la de la piedra, densa y obstinada. Por su peso newtoniano, la piedra medita la relación silenciosa, sutil y continua de las fuerzas en juego. Y en silencio, va recreando, tejiendo, dibujando sin cesar una línea eternamente renovada, aceptando lo fluctuante y lo flotante, una vida-pasaje esencial. Ligera, transparente, efímera y nómada, Before the horizoncapta el tiempo en los flujos imperceptibles y los intervalos de las cosas, de los seres y de lo existente.

Por su voluntad de estar en el mundo, enfrenta a nuestra mirada durante un instante frágil y medido, el de la obra enmarcada en la exposición. En reposo, ese equilibrio de las fuerzas crea un espacio lugar-tiempo de tranquilidad en el que la piedra silenciosa invita generosamente a que se la recorra, a quedarse en ella y con el ejercicio de la mirada, percibir esa luz inestable que es movimiento.

Experiencia de los orígenes anteriores a los horizontes y a los fines que vinieron de las construcciones humanas. La obra no tiene otra finalidad, otra significación que estar ahí, como un mundo suspendido de lo que la humanidad hace y puede hacer con él. Before the horizon, el silencio de las fuerzas físicas es el horizonte de nuestros designios y de nuestras metas en la vida. Está ahí, obstinado y, sin embargo, siempre en fuga de todo lo que seamos capaces de hacer con el mundo, con nosotros mismos….Significados fortuitos, designios aleatorios, a vueltas con un horizonte que está ahí, ante nosotros, sin preguntarse sobre su propio sentido, ni propósito. ¿Por qué existe esto o aquello en vez de ser una  mera consumación de la nada?

Antes que nosotros está el Horizonte, que es el Tiempo inmemorial del mundo. El horizonte como el tiempo es camino y nunca meta. Las leyes de la fisica universal se imponen a la piedra y, sin embargo, ésta parece y es súbitamente ligera, como si dejara en suspenso las leyes de la gravedad. Before the horizon....el horizonte es tiempo que se nos escapará siempre....porque es camino, vía, ruta, movimiento y no reposo, estabilidad, paraíso. El horizonte al que nunca llegamos sólo puede ser el de los caminos de la existencia.

Bruselas, abril 2006