Andar en solitario

Luis Felipe Ortega
Helmuga
2007
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Hace algunos años impartí un curso en la Colección Jumex. Al norte de la Ciudad de México, entre monumentales hangares industriales, se encuentra el museo que resguarda y exhibe la colección de arte contemporáneo de dicha fundación. Para llegar hay que atravesar toda la ciudad y perderse entre el humo de camiones y el ruido de la industria, el olor a tacos callejeros y más humo. Cuando impartí ese curso llegó hasta allá un joven silencioso y atento. Pronto me di cuenta que no se trataba de un estudiante de arte o de un interesado en hacer de los domingos un día de relajamiento cultural. Puse un ejercicio con materiales que yo estaba utilizando en ese momento en mis obras y dejé bastante libre la manera en que los asistentes a dicho taller podían jugar con ellos.

Me llamó la atención el ejercicio de Miguel Angel y la habilidad que tenía para manipular y vincular el polvo de mármol con pelotas de caucho e hilo de algodón. Silencioso él, comenzó a generar cierto sonido en el lugar haciendo botar una y otra vez las esferas de caucho ya manipuladas.

Miguel Angel es silencioso y festivo, obsesivo y un manipulador nato de materiales, lo mismo puede modelar con cera (material del primer proyecto que me ayudó a realizar) que ver con atención los ángulos de una piedra que ha de ser emplazada a una nueva condición. Digamos que entre café, cervezas y comida se llegaba el momento para hablar de lo que me interesaba con esas piezas y las decisiones sobre los materiales. Más que un taller de producción se volvió un laboratorio donde podíamos experimentar e investigar sobre las posibilidades de los objetos. En muchas ocasiones la decisión sobre el rumbo de las piezas fue resultado de esos intercambios de ideas al calor del trabajo y las sobre mesas.

Hace un año me encontraba preparando una exposición para Bruselas y en unos meses Miguel Angel viajaría a Bilbao, luego su viaje se aplazó y aprovechamos para darle continuidad a ese diálogo y para terminar otros experimentos. Era hora de pasar a otro momento de la relación y de cerrar ese ciclo, es interesante cómo se fueron presentando proyectos  para ambos que nos indicaban que había llegado ese tiempo.

Viniendo de una tradición donde imperan los medios tradicionales del arte, siempre me he preguntado cuáles fueron los intereses que hicieron que el trabajo de Miguel Angel moviera sus patrones de conducta en tanto generador de cosas simbólicas y de actos que interrumpen el modo de operar en la cotidianeidad. La primera imagen es la de un ocioso, la de alguien que se preocupa por caminar y por cruzar una y otra  vez el mismo espacio (obsesivo como es Miguel Angel), y en ese andar y esa repetición acumula imágenes que han de ser transformadas, reconstruidas y rehabilitadas para otros caminantes, para otros que hacen del ocio una manera de enfrentar la realidad y asumir una posición frente a ésta. Me parece que es ahí donde se genera una especie de núcleo o eje móvil en su producción (vienen las paradojas: de ese ocio encontramos materia prima que ha de servir para trabajar, para hacerse desde el trabajo).

Todos los pretextos de su obra vienen de ahí: toma imágenes (memoria) y las regresa al mundo tridimensional o bidimensionalmente, poniendo una cosa más sobre el mundo, aumentando su condición no pocas  veces saturada, pero ese aumento también es una resta: en términos funcionales su hacer se vuelve gesto, incluso cuando intentan tener un uso (veáse la serie de esculturas para ‘reposar’ o ‘descansar’), sus obras terminan haciendo una especie de informe o reporte de lo cotidiando, y por si fuera poco, de un cotidiano que pone particular atención en las cosas en movimiento, en los eventos temporales, en aquellas acciones que desaparecen (vendedores ambulantes, paseantes, gente corriendo al trabajo, etc.) cuando llega el reposo de la ciudad y la noche le ofrece cierta calma.

Descansar, desaparecer, ir hacia, caminar, movimientos y acciones que se vuelven repetitivas y que buscan en la repetición una condición distinta, como si hubiera que dejar claro que el ‘una y otra vez’, aquí se convierte en un generador de sentido a través de su perdida momentánea, de no saber, de ir al lado donde las preguntas no se realizan desde una búsqueda de significado sino solamente porque se sabe que se ha perdido el significado y eso libera a las cosas y la relación que podemos tener con ella. Un carrito de tamales en un punto deja de serlo, por fin se ha perdido y es una escultura que parece un carrito de tamales (pero que no lo será, que no lo quiere ser).

Hace algunos años Miguel Angel alquiló un departamento y comenzó a trabajar directamente en el sitio. Primero se trataba de ubicar las grietas, la humedad y comenzar a rellenar con plastilina de distintos colores, luego vino una especie de extensión o manchas jugando con una mezcla de colores: la forma ya estaba dada. Y fueron las formas, los objetos, lo que tendría mayor repercusión en obras futuras. Cubierta la regadera, el fregadero, las llaves, etc. de ese material, después vendrían a independizarse del espacio para fijar la atención no en una intervención sino en procesos escultóricos específicos, en formas, en volúmenes y pesos. Creo que eso sigue marcando sus preocupaciones y obsesiones.

Cada cierto tiempo tenemos la costumbre de encontrarnos, de ir por unos tacos de carnitas en la colonia Escandón o ir a buscar piedras para alguna pieza. Caminando cargado con ese peso, andamos el centro de la Ciudad o nos pasamos por algún bar a tomar algo. Silencioso como es Miguel Angel siempre puede soltar un par de preguntas que ponen en jaque la condición de la pieza que estamos haciendo en ese momento, una especie de sucede que se queda flotando en el aire y luego salimos a la calle y vamos andando a pegar piedras, a ponerlas en equilibrio temporal. Días después Miguel Angel me muestra su trabajo y por ahí aparecen los personajes que vi en nuestras andanzas, se extienden las formas y la memoria comienza a operar de formas bien extrañas, ya lo hemos visto pero ahora en esos dibujos la gente camina en silencio, en solitario… igual que él.