Algunas acciones, algunos gestos y otras pinturas

Luis Felipe Ortega
Tierra Adentro, No. 164
Junio - Julio, 2010
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I.

A principios de los años noventa algo estaba sucediendo en el terreno de las artes plásticas y visuales en nuestro país, algo que transformaría radicalmente la manera de entender esa práctica y el comportamiento de aquéllos que querían convertirse a ese lenguaje, a sus plataformas de discusión, a sus lugares de acción y a sus instrumentos/herramientas para trabajar en el ámbito de la visualidad. Es el arranque de una década y a la vez el desprendimiento o la necesidad de desprenderse de los modos en que se venían realizando y entendiendo las obras de arte; una reconsideración en términos de estrategias, una desacralización del objeto y una apertura hacia experiencias que desde el interior de la producción apelaran a otro tipo de resultados, a exploraciones geográficas y mentales que pudieran reconsiderar la acción del sujeto de la producción visual como una acción intelectual compleja. El artista entendido como aquél que quiere volver a mapear su tiempo y espacio a través de acciones específicas, de poner en acción actitudes que se alejaran del diletantismo de nuestro medio cultural. De otra manera: poner en primera persona las consecuencias de una práctica que dejaba de lado la actitud romántica del creador y someter los contenidos de su obra a un contexto específico.

II.

Preguntarse sobre cómo es que aquéllas actitudes entraron a las publicaciones de la época resulta complejo, no hay que olvidar que la mayoría de los suplementos culturales ofrecidos por los periódicos y revistas tenían a bien continuar enarbolando la imagen del artista como gran potenciador de anécdotas lúdicas, de referencias documentales a través de la fotografía y un constante auspicio de la mexicanidad. En ese sentido Tierra Adentro no era la excepción a la regla sino una de esos espacios que mantenían una distancia específica hacia esos acontecimientos de dislocación cultural. Al revisar lo publicado desde 1990, encontramos los mismos nombres y obras que se encuentran en las marquesinas de los museos, se incluyen obras y modos de operar que han sido claramente asimilados y entendido como comportamientos plásticos que resultan del enfrentamiento del artistas al soporte pictórico o esultórico. Me parece que a diferencia de la actitud hacia la poesía y la narrativa, donde siempre se dejan ver aventuras formales y conceptuales, en el terreno de la plástica se ventila en una dirección conservadora y sin una búsqueda que permita encontrarnos con las actitudes experimentales que estaban ya en vías de consolidarse en propuestas estables, con materiales y enunciados que se iban distanciando claramente del stablishment nacional.

Mientras se van convirtiendo en términos de uso común la instalación, ambientación, performance e intervención in situ, y se reconsidera la posición de la escultura y la pintura, en la selección de piezas incluidas en la revista se acentúa el devenir moderno del acto pictórico y escultórico a través de la gestualidad y las permanente investigaciones geométricas.

Es cierto que Tierra Adentro ha provocado la inclusión de obras que no proceden del centro del país y que ha permitido realizar un permanente paneo de la producción literaria y plástica de un muy variado acento en los estados, sin embargo llama la atención que muy pocas veces se incluyeran propuestas que estaban tomando distancia de los modos de hacer más convencionales.

Dije muy pocas veces y sobre esas obras quisiera detenerme.

III

En 1994 el número 70 dedica gran parte de los contenidos a la escultura, o lo que en la portada de lee como Nuevas formas. El escultor Sebastián ocupa las páginas a color con estructuras metálicas que han sido expuestas un proceso de oxidación en aguas salinas. Más adelante aparecen imágenes de algunas esculturas (1991) de Diego Medina Rosas, estructuras de alambrón, piedras, placas de metal, hule, hilos de cobre y madera fueron trabajados de manera que  dejan en claro que importa más la investigación de los materiales que la apuesta hacia una formulación estética específica, casi se podría decir que la torpeza e inmediatez es lo que preocupa al escultor. Diego Medina llamó la atención con sus piezas y emplazamientos espaciales trabajando in situ y dejando ver su interés por vincular dichos materiales a reflexiones arquitectónicas. Perteneciente a una generación importante de artistas de Jalisco que encontraron en Guillermo Santamarina a un interlocutor y maestro, Diego Medina se trasladó a vivir a Nueva York para seguir con su obra y a principios de la presente década dedicaba gran parte de su tiempo y energía a trabajar con las comunidades de emigrantes en aquél estado de la unión americana. Hasta donde sé abandonó su labor escultórica.

Este número en particular, y quizá uno de los pocos que pone el acento en el trabajo escultórico, funciona como buen ejemplo para ubicar las maneras en que desde Tierra Adentro se ha pretendido abordar o panear ciertos acontecimientos visuales. Nos sirve porque nuevamente se intenta mostrar una lectura heterogénea y plural de lo que sucede en nuestro país. De hecho el texto de Carlos Blas Galindo (La tridimensionalidad hoy) quiere articular modos de producir en diversos sitios, desde el norte hasta el sur del país, sin hacer una conexión clara con formas que se han venido exponiéndose ya desde hacía varios años y que no fueron incorporadas. Pienso en algunas piezas que se mostraron en exposiciones como Las manos del artista I y II en la galería de la SHCP o aquéllas muestras que ya eran reiterativas en el Museo del Chopo y en espacios alternativos.

Si al principio de esta nota hablé de una transformación importante y radical desde los últimos años de los ochenta en México y que ya en la década siguiente sería un campo fértil de resultados, al revisar los contenidos visuales de la revista me siento lejano a dicho planteamientos, como si tuviera que hablarse de realidades distintas. A los permanentes intereses por la figuración y posteriormente a la abstracción, habría que sumar acciones que ya no podrían colocarse exclusivamente en ese terreno y que fueron plenamente rebasados desde las propuestas del Salón Nacional de Artes Plásticas. Acciones que más que ubicar, estaban desubicando los entendidos de la propia escultura y la pintura, de las maneras en que el artistas puede entenderse a él mismo.

IV

Tierra Adentro a jugado un papel clave en nuestra cultura. En algunas ciudades ha funcionado como un detonante y como un sitio de posibilidad, como un espacio de visibilidad (en el sentido más literal del término). Platicando con Luis Carlos Hurtado, un artista originario de Campeche quien ha colaborado en la revista más de una vez, hablaba de su experiencia con la revista como una publicación que esperaba, leía y veía con gran interés y donde quería llegar a publicar alguna vez. Ahí podía ver qué estaba sucediendo en el resto del territorio desde aquél rincón del Golfo de México, recibir ensayos literarios, leer poesía y situar algunas propuestas plásticas. No conocía la obra pictórica que publicó en 1996, cuando finalmente pudo ser publicado, y debo decir que me sorprendió porque la obra que conozco de Luis Carlos está lejos de aquél interés plástico tan cercano a la manera oaxaqueña de pintar. A la fecha y después de haberse trasladado al DF para estudiar en la Esmeralda, Luis Carlos no solamente se ha convertido en uno de los artistas más importantes de su generación, sino que no ha dejado de ser un asiduo a las revistas culturales, uno de los proyectos que mantiene a la fecha es la publicación  Mondao.corp, revista que cambia de soporte y contenidos monotemáticos en cada número. De hecho ahora preparan la publicación de una serie de grabados realizados por cinco artistas mexicanos. Quizá esta actitud de Mondao.corp permite situar uno de los intereses más claros de Tierra Adentro y abundar un poco más en el asunto. ¿Cómo puede convivir la convención de ciertos soportes –pintura, cerámica, dibujo, grabado- con una mirada que intente ponerlos en el contexto presente, en relación a modos y prácticas que rebasan dicha tradición? En el terreno literario de la revista, me parece que esa relación se vive de una manera bastante natural, ya sea retomando o tomando el pretexto de una fecha para releer a algún escritor, para ponerlo a nuestro tiempo o para mirar la manera en que los jóvenes escritores se relacionan con él. Me parece que los aciertos no han sido pocos. Sin embargo algo no sucede con esa naturalidad en el caso de las artes visuales, donde los intentos no han sido pocos.

En números recientes, y me refiero a los últimos ocho años, se dejan ver obras que se producen en el orden de un nuevo posicionamiento formal y conceptual, incluso en los dossiers que remiten a escenas locales, se encuentran piezas cuya conexión con otras permiten un diálogo más amplio. En el 2002 (número 117-118) se publicó a un grupo de artistas de Morelos, un conjunto de piezas que no solamente responden a situaciones específicas para saber desde dónde están derivando dichas obras, sino que suceden como gestos abiertos, como acciones específicas a reflexiones específicas más que a generalizaciones sobre el comportamiento en un medio. Tal es el caso de Miguel Angel Madrigal, Paola Esquivel o Cisco Jiménez, artistas que sin duda han dejado en claro su campo de acción y lo siguen haciendo, ya sea desde la bidimensión, la tridimensión o el video.

Nos gusta reunir por género, localidad, soporte, edad, sexo, etc., y me parece que hoy son mecanismos que se han rebasado. Aun así, con ese modo de operar, la revista permitió que algunas piezas pudieran aparecer y quedar como parte de un engranaje general, donde las obras han de expresarse a futuro en la medida en que puedan mantener cierto diálogo con las formas que vienen, con los comportamientos que se están formando y a través de un lenguaje que se convierte en otro.

Como publicación, Tierra Adentro ha sido testigo de esas transformaciones y me parece que cada vez vive más de cerca, desde adentro y de manera más acorde a la(s) situación(es) del arte en nuestro país. A la complejidad para intentar una reunión bimestral de acciones  literarias y visuales, se suma una interacción de tiempos que se encuentran al interior, de sobreposición de miradas e intereses, a un posible “sucede” donde ya de entrada las notas son polifónicas.